sábado, 3 de mayo de 2008

La apertura de la flor

Hay tres miradas que a lo largo de la vida se te quedan dentro como referencia de pensamientos y timón de emociones, todas coinciden con la magia y el misterio de las primeras veces: la del amanecer, la del mar y la de una flor cuando se abre con el contacto de un rayo de sol o de una gota de rocío. Para los que enseñamos este milagro se repite con cada pregunta que nos realizan nuestros alumnos. Hoy he recibido la primera consulta para uno de sus trabajos por correo electrónico y olía a primavera. Quiero animarles desde estas líneas para que se sientan motivados para preguntar, curiosos por aprender, deseosos de utilizar la imaginación para reiventar un mundo más humano. Abajo la vergüenza por saber y los prejuicios por conocer, no hay preguntas mejores ni peores, ni más o menos inteligentes sólo el silencio lleva a la ignorancia e imposibilita avanzar, sólo las dudas no resueltas son episodios perdidos y Atlántidas hundidas. Venga, seguro que os surge algún interrogante en los trabajos que estáis realizando y yo los estoy esperando porque hoy ya huele a un azahar que busca las causalidades más allá de una ruleta o de unos dados lanzados sobre el tapete del destino.

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